
Elisa Barrientos, presidenta de ORMEX
EL Gobierno, a través del Banco de España, está casi exigiendo a las cajas de ahorro que se integren en SIP (Sistema Institucional de Protección) mediante 'fusiones frías', antes que proponer integraciones reales, para «ganar músculo financiero». Las SIP son una forma soterrada de 'bancarizar' las cajas, pero casi nadie conocemos sus efectos secundarios.
Vayamos por partes, en una fusión de este tipo, inventada para que se puedan unir cajas de distinto territorio, y este es el anzuelo, pues la LORCA (Ley Orgánica de las Cajas de Ahorro) no lo permite, hay que crear un órgano central o cúpula dirigente (tipo holding) que sea una sociedad anónima (SA), y con licencia del Banco de España para operar. ¿Qué quiere decir esto? Pues que cada caja integrada debe tener una participación en dicha SA, y además traspasarle parte de su negocio. ¿Y esto cómo se come?
Cómo es lógico esta nueva SA debe tener actividad, si no ¿para qué se ha creado? Y si esto es así, deberá tener trabajadores que claramente no se van a contratar de fuera, serán parte de los actuales trabajadores de las cajas, por lo que al ser traspasados a la SA ya no le es de aplicación el convenio de cajas de ahorro, sino el que alguien se invente, o como mucho el de la banca, en cualquier caso, bastante menos beneficioso que el de las cajas. Esto conlleva un ahorro de costes muy alto, por lo que en un período, que no creo pase de cinco años, las cajas que 'cuelgan' de este entramado desaparecerán sin más remedio convirtiéndose en un banco con todas sus letras. Se perderá para siempre la naturaleza jurídica de las cajas, así como su obra benéfico social.Pero es que además, si ahondamos en el SIP, se nota la torpeza de este Banco de España, y de las políticas que impulsa, pues si ocurre lo que antes hemos expuesto desaparecerán las obras benéfico sociales de las cajas, o, en el mejor de los casos, tendrán mucha menos dotación, y por lo tanto el Estado no se podrá beneficiar de esas inversiones que, al fin y a la postre, se ahorraba, por lo que a partir de ese momento tendrá que hacer frente a ellas, con lo que la inversión y el gasto público subirán fuertemente. No olvidemos que en los últimos diez años las cajas han invertido a través de su obra social más de 4.000 millones de euros.
Pero hay que añadir algo más a todo este desatino financiero, pues, como alguien dijo, «más valían muchos pocos, que pocos muchos». Si concentramos y concentramos, llegará el momento en el que la actividad financiera estará en manos de cuatro, cinco o seis entidades, concentrándose, por ello también, todo el riesgo en estas pocas entidades, lo que, claramente, nos llevará a una catástrofe financiera, en caso que alguna de ellas caiga.
Acordémonos de lo que ha pasado y sus consecuencias con Lehman Brothers, etc. en Estados Unidos. La caída de una sola entidad ha provocado un fiasco de calado mundial y ha arrastrado a otras muchas. Esto mismo ocurrirá en nuestro país si no se le pone remedio.
No debe defenderse sin embargo, el que haya muchas como hasta ahora, si no un número razonable. Lo lógico sería una caja por comunidad autónoma, para que el riesgo se diversifique y se disperse; así, si alguna de ellas tiene problemas, el sistema lo notará menos y será mucho más fácil rescatarla o unirla a otras. Por ejemplo, Caja Castilla la Mancha y Cajasur.
Las cajas extremeñas, en ambos casos, son un dulce para quien las quiera integrar, fusionar, absorber o comprar, ya que están totalmente saneadas. Entonces ¿por qué no empezar por hacer una sola caja extremeña y dejar que poco a poco crezca y soporte el sistema financiero de nuestra región? Cualquier otra solución es conseguir a medio plazo que perdamos nuestro patrimonio financiero y tengamos que hacernos clientes de alguna entidad 'rara' que nada tiene que ver con nosotros, los extremeños.



